Un poco de Historia. Los constructos en Psiquiatría

Hacer énfasis en el hecho de que en psiquiatría trabajamos de forma práctica con “constructos” y las implicaciones que tiene esto me parece importante

Los médicos: Charcot, Pinel, Freud, Esquirol etc… contribuyeron a andamiar el nacimiento de la especialidad Psiquiátrica. Un nuevo orden social en el que se entendió el mundo de una forma más racional y menos supersticiosa. En lo referente a la patología mental, se categorizó, se segregó. A veces sin ver “más allá”, separando lo normal de lo “anormal”, algo que a veces, como es comprensible, salió caro y trató de forma deshumanizada a muchas personas.

Constructo es una entidad hipotética de difícil definición. Un constructo es algo de lo que se sabe que existe, pero cuya definición es difícil o controvertida. Son constructos la inteligencia, la personalidad y la creatividad, por ejemplo. No se pueden observar como tal, en contraposición con los conceptos observacionales. Los podemos inferir a través de la conducta.

Es obvio que hay una serie de personas que muestran insomnio por despertar precoz, anorexia, apatía, disminución en la capacidad para experimentar placer, tristeza e incluso ideas de muerte. Varias personas del mundo dedicadas al estudio de la medicina, la filosofía, la psicología y otras, decidieron denominar a este conjunto de síntomas (síndrome), “Depresión”. La Depresión es un constructo humano. No es una patología física como una hemorragia o una fractura. Por la experiencia y lo aprendido, entendemos que las personas que sufren esa serie de síntomas, tienen una depresión.

Sea como fuere, el hecho de que el constructo sea tan subjetivable ha sido peligroso en muchos momentos de nuestra historia reciente. Heridas flagrantes después de regímenes autoritario, extremismos, cultos a la personalidad, sectas, etc, se han servido de esto para clasificar de forma peligrosa a los individuos según cumplieran ciertos criterios o no, o incluso inventarse enfermedades.

Por suerte, esto nos ha servido para reflexionar con qué trabajamos y cuánta responsabilidad tenemos en ejercer bien la psiquiatría. Concebir al paciente mental como la persona que es, con todos los problemas que presenta, que le angustian y que le hacen acudir a nosotros a pedirnos ayuda.

Podemos codificar los síntomas que presenta en consulta de forma constructivista: ”F32, Depresión”. Pero también leeremos los últimos artículos acerca de los descubrimientos entre depresión y deterioro cognitivo, englobaremos la depresión del paciente dentro de su contexto social y cultural (no vivirá con la misma tristeza un accidente una persona que otra ni entenderá de la misma forma una alucinación, seguramente, un sujeto de la cultura oriental y otro de la occidental, porque gracias a la riqueza de la diversidad humana, tenemos prismas distintos desde cada sector geográfico y poblacional del planeta).

Tener en cuenta las expectativas de los pacientes, sus valores, creencias, familias, historia vital, traumas, el propio constructo psiquiátrico y los avances científicos, convierten al buen terapeuta en un humilde mejor entendedor del sufrimiento mental del otro.

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