Acompañar a la familia en la enfermedad

La Jornada Mundial del Enfermo de este año, celebrada el domingo 6 de mayo, se ha centrado en el acompañamiento de las familias cuando surge un proceso de enfermedad. Con esta iniciativa se pretende poner de manifiesto y realizar una aproximación al mundo de los enfermos, sus familias y los profesionales sanitarios, así como mostrar el rostro de Cristo curando y acompañándoles.


Cada acompañamiento es diferente porque cada persona es diferente. Toda presencia y cuidado del otro ha de ser personal y adaptado a las necesidades concretas planteadas o detectadas de la persona que se tiene en frente. Somos generadores de encuentro con otras personas y cada una de ellas requiere un marco temporal y espacial diferente. Desde esta perspectiva situamos a las familias también en el centro de nuestra atención.

Existen numerosos tipos de familias, ya sea en relación al número de personas que conforman el núcleo más cercano, al tipo de relación existente entre los miembros o a la consanguinidad. Pero a pesar de estas diferencias, suelen surgir una serie de características comunes:
• Cuando la enfermedad irrumpe, algo cambia. Empiezan a surgir muchos problemas algunos de ellos son vividos como si fueran sin solución.
• Normalmente una o dos personas, los cuidadores principales, se responsabilizan de la situación por distintas circunstancias, el grado de familiaridad (padres, hijos, primos, nietos…), proximidad (órdenes religiosas o la amistad), etc.
• Quien realiza el rol del cuidador principal es quien vive una fuerte carga emocional ante la situación. Por lo que se considera adecuado si fuera posible repartir las tareas entre varios miembros de la familia.

Ante esta nueva realidad, surgen muchos sentimientos diferentes dependiendo del momento del proceso (primeros síntomas, reingreso, ingreso de larga estancias, etc.) y el modo en el que los miembros de la familia afrontan la nueva situación. En el caso de los primeros síntomas, puede aparecer en las familias miedo a un diagnóstico crónico, desconocimiento o prejuicios derivados del estigma que acompaña a las personas con enfermedad mental. Quizás en el caso de familias que están viviendo un reingreso surge el enfado ante el cambio de realidad o el desconcierto al verse superados por algo desconocido. Con el paso del tiempo y en los casos crónicos el cansancio y el desgaste también se hacen patentes y el duelo por la pérdida de su familiar sano aflora. Se podría afirmar que en la gran mayoría de los acompañamientos aparece la desesperanza, fruto del cansancio y de las dificultades que surgen en el día a día. Añadido al miedo que les produce pensar en el futuro.

Al aproximarnos a la familia, no debemos obviar que, por regla general, son quienes mejor conocen a la persona y, por su parte, los profesionales de la salud son los expertos en la enfermedad. La tarea de ambos es fundamental y la familia es fuente de motivación para la persona enferma que puede llegar donde el profesional no es capaz.

Cada miembro de la familia puede necesitar un tipo de apoyo diferente y es necesario que tenga su propio espacio. En mi caso personal, me gusta pasar tiempo en las salas de espera, son lugares donde las familias paran, frenan su agitada vida y aguardan la hora de visitas o la llegada de su familiar. Encontrar alguien que les pregunte cómo se encuentran o cómo se sienten puede ser algo poco frecuente, pues normalmente se presta atención sólo a la persona enferma. En mi experiencia, este momento difícil puede generar cuestionamiento y lejanía de Dios, derivada de la falta de sentido o la necesidad de culpar a alguien de todo lo que están viviendo. Pero en otras ocasiones, la situación de enfermedad es vivida desde la fe, con paz y serenidad, sintiéndose acompañados y con fuerza para sobrellevar este momento.

Finalmente, se quiere poner de manifiesto la importancia de tener una red de apoyo, por lo cual se puede promover o favorecer la participación de las familias en algunas asociaciones de familias de personas con enfermedad. Poder escuchar a otras personas que están pasando por lo mismo resulta reconfortante y puede orientar los próximos pasos a seguir.

Elena Iglesias López
Agente de Pastoral

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